En el estuche siempre llevo bolis de todos los colores para poder pintar las cosas cuando me apetezca. Siempre se me dieron fatal las manualidades, y lo mío no es el dibujo, pero eso no quiere decir que no sea capaz de hacer cosas maravillosas con las manos. Lo cierto es que siempre llevo mi estuche encima y, por tanto, también mis colores.
Una vez me dijeron que todo el mundo es creativo, sólo que hay gente que no lo desarrolla. Yo soy creativa, pero sólo lo he desarrollado en algunos campos, para qué engañarnos. Debería esmerarme más, tal vez. A veces me sale natural, otras veces me da mucha pereza.
La verdad es que mis colores sirven para muchas cosas. Cuando mi madre me pone mala cara, cosa que ocurre tremendamente a menudo, tengo que sacar el rotulador rosa y pintarrajeársela toda, para que no sea tan difícil de mirar. Y en la mano me pinto una espiral verde, pequeñita, para recordar que debo tener esperanza. Así es que voy manchándolo todo de verde, porque ya no me entran más.
Otras veces, cuando estoy cansada de no poder abrazarte (menos mal que cuando puedo te abrazo mucho), me subo a una silla y pinto un cachito del techo de color azul, para abrir una ventanita de libertad e intentar alcanzarte.
Es comprensible que mis colores vayan siempre conmigo.
Otras veces, los pongo todos juntos y nos preparo una tienda de campaña para el verano, en mitad de nuestra aventura. Que no se te olviden los prismáticos, que aún no me has enseñado todas las estrellas.


2 post-it:
sigue pintando así
;-)
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