Tremendo día el de la vuelta a la vida

domingo, 20 de febrero de 2011

De pronto han llegado las nubes como locas a lloverlo todo. Me he dado cuenta de que es invierno y estoy contigo. Y llegará la primavera y el verano. Y seguiré contigo. No sé lo que ocurrirá con el otoño, y en el invierno que viene no quiero pensar, porque un noviembre sin ti podría ser el más oscuro. No sé qué poder extraño tienen las estaciones. Todas ellas.

El caso es que no hay invierno sin nostalgia, sin recuerdos. Y con tacones en la lluvia sientes los pasos que diste en otro invierno, y los pasos que te acompañaban. Nunca hay dos iguales, no se puede no pensar. Por suerte, un buen calzado te protege del agua, pero las entrañas se humedecen igual, no hay chubasquero que valga.

Bautismo y resurrección, el agua es vida y persistente amenaza, y te cala, te embriaga, te penetra hasta lo más hondo, porque no mide las consecuencias de sus actos. Si te proteges, se rachea; si te escondes, te espera. Lluvia o recuerdo, quién sabe ya de lo que hablo, pero cae sobre ti y, si por una vez te dejas hacer, sabrá recorrer todos tus resquicios, te besará la boca, y querrás beberla toda. 
Pero no.