Había pensado poner aquí una cosa muy bonita, pero se me ha olvidado...

domingo, 31 de octubre de 2010

... como tantas otras cosas últimamente. Si no se me olvida levantarme por las mañanas, se me olvida coger el bus que me transporte a algún tipo de vida presente, real e inmediata. No sé qué tengo en la cabeza, o qué es lo que me falta. Demasiadas cosas, supongo, en ambos sentidos. Querría repetir más a menudo ese ejercicio sano y necesario que es compartir con alguien un viernes por la tarde, cuando la minivida que forma una semana termina, y se adentra una en el limbo vital del fin de semana, que siempre ofrece una oportunidad para resarcirse y volver a empezar.
Y es que, cuando te sientas con una caña frente a frente, cayendo rayos y truenos ahí fuera, con esa sensación de: "ahora, a descansar", todo puede ocurrir. La filosofía cara (en contraposición con la filosofía barata, claro), esto es, la que sale del fondo del ser, la que pone sobre la mesa la intuición más trascendente de la propia persona, puede salvarnos, juntarnos, entendernos. Compartir las propias inquietudes, buscar sin tapujos el sentido de la vida, contrastar con el otro los caminos que se siguen todos los días... es una búsqueda tan necesaria como exótica. Exótica porque escasea, porque los planetas tienen que alinearse para que ocurra una vez, al menos una vez, en tu vida. Y no hablemos de lo ideal, de la utopía, de la felicidad como ente. Hablemos de barro y heridas, toquemos la sangre y limpiémosla juntos, mostrémonos incapaces, inseguros. Y de ahí surgirá la estrella. 

Simplemente, genial.

Lunes gris, de vuelta.

lunes, 4 de octubre de 2010

Mi estantería aún está desordenada. Hasta que no la ordene, probablemente no tendré la sensación de hogar, dulce hogar. Mientras esté así, no la reconoceré como mía, yo que soy tan escrupulosa con el orden de mis libros: por tamaños, por géneros literarios, por colecciones... No tiene nada de riguroso, pero, en cierto modo, mis estructuras mentales se van organizando a medida que cada libro está en su sitio. Así, aunque tuviera una gran biblioteca, creo que podría encontrar cualquier libro en cuanto fuera necesario. Me encantaría encontrar las cosas en mi cabeza así de fácil. Por desgracia, no hay una relación estrictamente proporcional entre una cosa y otra. La diferencia fundamental es que los libros, pacientes, esperan sentados con toda su fuerza entre las tapas. Mis pensamientos, sin embargo, saltan ansiosos sin que nadie les haya dado permiso y aunque sean debiluchos, en seguida inflan el pecho y se hacen grandes en su nimiedad. 

El mar está encrespado, el cielo me saca la lengua desde el 7º con su gris agobiante. Le doy los buenos días a algo que aún no soy capaz de identificar. Al menos, no he dormido sola. 
Voy a organizar esta estantería ahora mismo.