Tengo fotos para ilustrar el año entero. Tengo recuerdos para despejar todas las nubes del invierno. Tengo el momentómetro (esto es, el termómetro de momentos) con medidas mucho más altas de lo que podía esperar. Esta tarde me he puesto a escribir a borbotones, bajo el sol y tu mirada furtiva, extrañada y sonriente. Me ha salido todo de golpe y he sido capaz de organizarme. Había mucho que contar, pero me he quedado en lo importante. He querido registrarlo para que no se me olvide cuando me ataque el desánimo, y poder retomar mis luces y mis sombras desde la comprensión de todas ellas, pues ninguna sobra, todas son necesarias.
Nunca escribiré tan bien como Cortázar, y me está empezando a mosquear que ponga conclusiones atinadas a lo que voy viviendo, según lo voy leyendo. Cuánto daño hace Rayuela a la razón, poniendo palabras a las intuiciones más profundas, apasionando al lector por el mero hecho de leer. Y a veces me encuentro en las palabras. A mí o a otras personas.
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"Y por eso se le ocurría ahora lo que a lo mejor debería habérsele ocurrido al principio: sin poseerse no había posesión de la otredad, ¿y quién se poseía de veras? ¿Quién estaba de vuelta de sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás? Así, paradójicamente, el colmo de soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos. Pero gentes como él y tantos otros, que se aceptaban a sí mismos (o que se rechazaban pero conociéndose de cerca) entraban en la peor paradoja, la de estar quizá al borde de la otredad y no poder franquearlo. La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro."
En Rayuela, de Julio Cortázar.
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