Se nos termina agosto

martes, 31 de agosto de 2010

Hay cosas que, simplemente, no sé explicar. 

Pero me encanta que tú tampoco sepas a veces ponerles palabras. 

Así nos entendemos mejor. 

Hoy sólo subidas, nada de bajadas.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Has pintado los escalones de colores porque sabías que sólo unos pocos se fijarían en lo de abajo, en lo esencial. 
Casi todos miran (por encima del hombro) a las obras de arte de las paredes, que sólo están para despistar. Y que, en realidad, nadie les ha dicho que sean arte, pero queda muy chic.



Si te guardas este chorro de ilusión y de energía que está recorriendo tu vida, seguro que no necesitaremos mucho más de aquí en adelante. 



¿Subimos? 



"... gonna hold you
gonna kiss you in my arms..."

Está empezando a cambiar el tiempo.

sábado, 21 de agosto de 2010

Tengo fotos para ilustrar el año entero. Tengo recuerdos para despejar todas las nubes del invierno. Tengo el momentómetro (esto es, el termómetro de momentos) con medidas mucho más altas de lo que podía esperar. Esta tarde me he puesto a escribir a borbotones, bajo el sol y tu mirada furtiva, extrañada y sonriente. Me ha salido todo de golpe y he sido capaz de organizarme. Había mucho que contar, pero me he quedado en lo importante. He querido registrarlo para que no se me olvide cuando me ataque el desánimo, y poder retomar mis luces y mis sombras desde la comprensión de todas ellas, pues ninguna sobra, todas son necesarias. 
Nunca escribiré tan bien como Cortázar, y me está empezando a mosquear que ponga conclusiones atinadas a lo que voy viviendo, según lo voy leyendo. Cuánto daño hace Rayuela a la razón, poniendo palabras a las intuiciones más profundas, apasionando al lector por el mero hecho de leer. Y a veces me encuentro en las palabras. A mí o a otras personas.

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"Y por eso se le ocurría ahora lo que a lo mejor debería habérsele ocurrido al principio: sin poseerse no había posesión de la otredad, ¿y quién se poseía de veras? ¿Quién estaba de vuelta de sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás? Así, paradójicamente, el colmo de soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos. Pero gentes como él y tantos otros, que se aceptaban a sí mismos (o que se rechazaban pero conociéndose de cerca) entraban en la peor paradoja, la de estar quizá al borde de la otredad y no poder franquearlo. La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro."
En Rayuela, de Julio Cortázar.
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Vuelta del fuego

martes, 17 de agosto de 2010

Me recibe el agua, el azul, el rocío, agosto mediado. Hogar, dulce hogar, con visita que me ofrece reminiscencias del rojo vivo. "¡Os amo!" yo también. 
Qué gusto el fin del trabajo duro, con la sensación de haber dado todo por la sencilla razón de que te apetecía. Siempre hay algo en verano que me devuelve el norte, aunque en este caso sean adolescentes hormonados y en plena efervescencia sentimental y espiritual. Simplemente, genial. 
Por lo demás, otras personas nuevas, adultas y maestras.

La suerte de tenerte, la suerte de escucharte.