Me recibe el agua, el azul, el rocío, agosto mediado. Hogar, dulce hogar, con visita que me ofrece reminiscencias del rojo vivo. "¡Os amo!" yo también.
Qué gusto el fin del trabajo duro, con la sensación de haber dado todo por la sencilla razón de que te apetecía. Siempre hay algo en verano que me devuelve el norte, aunque en este caso sean adolescentes hormonados y en plena efervescencia sentimental y espiritual. Simplemente, genial.
Por lo demás, otras personas nuevas, adultas y maestras.
La suerte de tenerte, la suerte de escucharte.

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Perdiendo el norte en tu propia ciudad. El sur embriaga.
Cómo lo sabes...
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