Invítame a tu cama, ábreme tu pecho. No dejes que me guarde nada, sabes que te lo doy todo. Que llegue un sábado de parar el reloj por la mañana, en el que da igual a qué hora nos levantemos, porque lo que verdaderamente importa es que tus pestañas se confundan con las mías, y ya no vea nada más que nuestro amor callado.
No hables, sólo siente. Un único punto de apoyo para encontrar mi lugar en el mundo. Tengo ganas de jugar al no-escondite o a ser el segundo nombre en la escritura. Sólo es un juego, pero mientras juguemos no tengo que pensar en verdades, ¿no crees?
Yo creo que los escalofríos que tengo no son de fiebre, sino el resultado de que todo me huela a ti...


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