Última noche de esta primera parte de mis vacaciones. Ya estoy dividiéndolo todo en partes, como si fuera una asignatura, un menú, un comentario de texto...
Pero lo es. Es la última noche. Mañana a estas horas estaré en otra ciudad, más cerca del mar y más cerca de ti, aunque las unidades de medida sean liosas y cambiantes.
¿Te acuerdas del helado que te comiste conmigo el otro día? Tú pediste un corte, siempre lo haces, y yo pedí chocolate con limón en tarrina pequeña. De lo más normal. O eso creíamos hasta que la heladera empezó a ponerle emoción al momento. 4 bolas, una sombrillita, la galleta y la cucharita, "¿quieres sirope?" "sí, por favor, de chocolate". Y la sonrisa se me iluminó porque de pronto tenía el que era el helado más increíble del mundo entre las manos. A ti te daba la risa, supongo que por esa ilusión infantil o como quieras llamarlo que me dio de pronto con mi helado guay e inesperado.
¿Y sabes por qué me acuerdo de esto? Porque hay gente que es capaz de convertir los momentos más cotidianos en mágicos; es como si tuvieran una varita mágica, y pueden hacer de lo poco un mundo. De lo rutinario, un descubrimiento.
En este caso, la maga fue la heladera, claro, no te anotes el tanto. Pero es que ya era hora de que dejaras un poquito a los demás, ¿no?
Todo un placer.

2 post-it:
tierno... me gusta
De chocolate y vainilla...
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