Los viajes siempre son curiosos

jueves, 20 de mayo de 2010

Sobre todo, si utilizas el transporte público. Siempre se me ocurre imaginarme historias con la gente que veo alrededor. Porque a mí me encanta mirar (esto ya te irá sonando), y como miro mucho, también invento mucho.

Delante de mí está el Lector, un pseudo-intelectual, diría yo, que pone cara de interesante y lleva bien a la vista el tocho que está leyendo, pero se trata del último Best-Seller del Hipercor y lleva los zapatos manchados de pintura. Aún así, cuando ha llegado el hombre que ocupa el asiento de al lado ha sido amable, y eso me ha gustado.
Este nuevo viajero es el ArreglaMundos, esto es, el típico señor con voz grave que parece encantador hasta que no se corta un pelo en mantener una reunión telefónica mientras intentas dormir detrás de él. 

A mi izquierda está el amor frustrado, en mi mundo imaginario. Él llegó solo, con una mochilita de montaña como único equipaje y enseguida se puso a leer una revista divulgativa que me pareció de historia. En la siguiente parada llegó Ella, llenando de cosas la bandeja extensible: la agenda, pasatiempos, el bolso, auriculares... No es por nada, pero ahora mismo me está mirando. Tal vez sólo mire por la ventana a través de mí. Al grano: ambos de la misma edad. Me dio por pensar: los extremos opuestos se atraen. 
Ella intenta colocar el apoya-pies, estos artilugios de tecnología punta que se escapan tantas veces a nuestro control. Como a mí me había pasado minutos antes, se le escapa. Él dice, "puede que esté estropeado", y sonríe. "Pues seguro que está estropeado, sí", responde ella con otra sonrisa.
Y a mí se me antoja como uno de esos momentos raros en los que tienes dos opciones. Puedes callarte o seguir hablando. Y ellos se callan, pero en mi cabeza ya casi se están diciendo sus nombres, porque en el fondo se complementan muy bien.

Detrás de ellos están la Abuelita y la Chica joven, esta última lleva todo el viaje leyendo un texto universitario. Tal vez de derecho. La abuela ya ha hablado con su hijo o su nieto o su nuera con voz temblorosa, no sea que se retrasen al recogerla en la estación. 
Después, descubro que la chica prepara sus exámenes de psicología, porque se lo pregunta la señora que tengo detrás de mí. Y además, será la abuela la que llegue con 40 minutos de retraso a la estación, por un problema técnico que nos tiene aquí parados desde hace 20. Y lo que nos queda. 

3 post-it:

E dijo...

A mi también me encanta mirar, pero sobre todo, observar... a la gente, a las personas y, después, imaginar o inventar jeje

Unknown dijo...

somos tres, entonces...

Anónimo dijo...

¿Y qué pensarían de ti? ¿Quién serías tú en esa historia de tu propia cabeza?